martes, 11 de octubre de 2016




Ingratitud



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-¡Hablemos de ingratos!- exclamó el corazón en un rocambolesco giro de los acontecimientos. El cielo se abrió ante esas palabras, el viento dejó de soplar con fuerza hasta que poco a poco mutó en una leve brisa gélida, el rumor de las aguas cercanas que bañaban unas pupilas cansadas se petrificaron al instante, todo aquel escenario contuvo a su vez el aliento a la espera de que el corazón comenzase su discurso...
-Los ingratos, aquellos que juegan, pero no a un juego cualquiera, no, son los que juegan a las escondidas, escapadas, los que dan golpes innecesarios a un igual, todo porque sí, y nada porque debe ser así. Los ingratos callan ante la evidencia, ríen con falsa inocencia y maldicen al otro sin tenerlo en su presencia.

-¿Qué tiene un ingrato de malo?- cuestionó la mente con un tono meloso.
Fue en ese momento cuando en el escenario surgieron toda clase de murmullos que lucharon por desvanecerse ante la inestabilidad, producto de las opiniones contrarias de corazón y de mente. La mente aclaró su voz y rebatió con fuerza al corazón.
-Comprendo lo que para ti es incomprensible. En este mundo todos somos ingratos entonces, pues todos jugamos, nos adelantamos, rompemos con el de al lado, hacemos más de mil cosas a la vez sin sentir nada y sintiéndolo todo en una sola fracción de minuto. La humanidad tiene al raciocinio y la razón no entiende de falsos en las banalidades del amor, amistad, cariño... La razón se somete a objetivos y el camino para atraparlos, si a eso lo llamáis ingratos llamadme a mi ingrato.

Todo se volvió oscuro en aquel escenario, el cielo mostraba una noche sombría, los ríos de aquellas pupilas húmedas se congelaron, la brisa cesó de inmediato, todo parecía entrar en una extraña calma de lucidez ingrata. El corazón se mantuvo en silencioso pensamiento hasta que cogió un poco de ese frío aire que la mente había impuesto y respondió un nuevo argumento contra los ingratos:

Puede decirse de muchas formas y de innumerables maneras:
Alevosía, desagradecimiento, desconocimiento, deslealtad, egoísmo, infidelidad, olvido, reconocimiento o traición

Lo que ellos mismos ignoran es que ingrato es el tiempo y no menos ingrata la vida misma, y en el camino el corazón castiga, recuerda y pide cuentas.
Quizá ahora no seamos capaces de quitarnos la venda que ciega nuestros ojos, y recurramos al apego y al cariño que sentimos por aquellos ingratos que llegaron a nuestra vida con falsas promesas y predicando un destino en común.

No agradecieron lo que hicimos por ellos, no valoraron lo que también llegamos a perder por ellos… y lo peor no lucharon por darnos aunque sea un trocito de ellos cuando todo lo dábamos por ellos.

Conviene recordar que igual de ingratos que ellos, son el destino… el camino y la existencia. Y pese a que parezca una incoherencia, todo se termina pagando, y a la hora de rendir cuentas, la ingratitud golpeara la cabeza de aquellos ingratos que dejamos atrás.
¿Justicia?
¿Malicia?
¿Venganza?
¿Templanza?

Quizá solo equilibrio, quizá solo sea lo que nos provoca hablar sobre ingratos… y cuando nos recuerden en la sede de su noche eterna, su consciencia los delate, y gritaran, y morderán uno a uno sus miedos y el olvido nunca les alcanzara, pues no hay mayor castigo que el que viene tras una traición… y tarde o temprano desemboca en desesperación.

Ingratos que mentís sin sentido
Corazón fallido
Entre suplicios los reconoceréis
Una cosa esta clara:
Tarde o temprano caeréis
Y en el camino no nos encontrareis…



El cielo comenzó a teñirse de diversos colores, naranja y rosado se extendieron por todo el paisaje, iluminando con toda su majestuosa luz las pupilas y sus ríos, los cuales mostraban un cauce armonioso, lento, más pulcro, más sensible. El corazón había hablado con tanta fuerza que sus palabras coloreaban el escenario. Todo resplandecía, nada se cerraba, todo salía, nada se quedaba. Pero la mente sonrió para sí misma, ese mismo escenario se entregaba al sentimiento, a algo banal y desgastado, demasiado tratado por tantos otros, demasiado derrotado y a la vez tan lleno de estupidez.
-Ingrato debo ser, y me encanta serlo, pues dime corazón, ¿acaso disfrutas siendo lo contrario? Solo sufrimiento, solo dolor, solo sentir. Yo solo me acojo a la razón, a lo que me dicta el devenir, a las oportunidades que el futuro me presencia, no es cuestión de esperanza, sino de una lógica tan entregada a la quietud que desconoce la inquietud de los sentimientos que los ingratos pretenden desbordar. Disfruto con la ingratitud en este mundo donde lo anormal es no serlo. Corazón, solo te pido que observes, solo un poco, a tu alrededor.

A terminar de pronunciar aquellas palabras la mente señaló hacía un punto, un lugar que se extendía más allá de aquel escenario, allí se hallaban otros escenarios llenos de dureza, de fuego, de árido desierto, de un silencio roto solo por unos ríos que en las pupilas se mostraban burlonas, insensibles y sin color alguno.
El corazón se derrumbó en el suelo, acababa de presenciar a uno de los ingratos que tanto habían perforado este tranquilo escenario, la mente aprovechó para colocarse justo detrás de él, se acercó tanto que sus labios rozaron uno de los oídos de aquel pobre corazón cansado, y habló la mente una vez más.
-¿Lo viste? Viste a los ingratos, estuviste con ellos tu también, has jugado, te reíste de igual forma. Dime, ingrato, ¿por qué te alterabas tanto al hablar de ellos si tú formas parte de la ingratitud?
El escenario volvió a cambiar, aunque esta vez fue tan súbito y rápido que el corazón no pudo ni advertir la bruma que se había levantado de la tierra, de los ríos de las pupilas, incluso del mismísimo cielo, todo había sido sacudido de un polvo oscuro dejando ver la verdad de aquel escenario; una desierto árido y dorado, un silencio roto solo por unos ríos que en las pupilas se mostraban burlonas, insensibles y sin color alguno. Se volvía aquel paisaje como el de los ingratos.
-¿Qué has hecho, mente?-alcanzó a decir en un hilo de voz el corazón.
La mente alargó sus brazos y los entrelazó sobre el cuerpo de corazón.
-¿No lo ves? El escenarios de aquellos ingratos que tanto te han hecho sufrir y que tan bien los conoces lo acabas de ver en un reflejo, el nuestro.
El corazón no pudo contener la desolación de aquella revelación, la imagen que acababa de ver no era más que le que se había proyectado en un espejo, un espejo que mostraba su propio reflejo.
-¿Eso quiere decir que soy ingrato?
La mente se se inclinó más y más hasta llegar a los húmedos labios de corazón.

-No, eso significa que somos ingratos, este escenario y el de todos.


Con la colaboración de Mari Cruz Cárceles Sirvent

Hezerleid


domingo, 9 de octubre de 2016





Ódiame


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Si es lo que necesitas ódiame, como si en el interior de tu enfermiza mente, de tu frío corazón y de tu oscura alma… realmente me lo mereciera.

Si es lo que deseas ódiame con todas tus fuerzas, niega que un día fuimos amigos, que un día todo lo di por ti… despréciame mil veces más, hazme llorar aun mas lagrimas de las que por ti he llorado. Ignórame y hazme sufrir… como si me lo mereciera en verdad.

Si así alivias tu conciencia, cúlpame a mí de todo y ódiame, llama al amor que siento por ti obsesión y a la persona que más te ama enferma… achaca tu ensañamiento a que estoy loca… y vuelve a despreciarme una vez más, como si verdaderamente me lo mereciera.

Ódiame hasta el punto de seguir creyendo que el echarme de tu vida como si fuera un desecho que nunca te importo, abandonarme a mi suerte y provocarme este gran sufrimiento es algo justo… Como si no hubiera un mañana ódiame, porque fui yo la que deposito mi todo en tus manos y tú no dudaste ni por una sola vez en dejarme caer… ódiame como si no fueras tu el que me ha empujado y me ha hecho descender a los mismos infiernos…

Si así te sientes mejor, ódiame más aun, insúltame, niega todos los buenos momentos que pase a tu lado, ven a la misma ciudad donde vivo, visita a todas tus amistades y a mí, esta tonta que sigue esperándote y que todavía lo daría todo por ti… a mi simplemente hazme a un lado, reniega de mis recuerdos, olvida mis palabras, olvida todo lo que hice por ti y solo ódiame… sin un motivo y sin un porqué.

Ódiame en cada carta de amor que te escribí y te envié, en cada momento que me preocupe por ti, en cada palabra de consuelo o aliento que entregue cuando nadie más lo hacía… Odia los versos que te dedique, el hecho de estar pendiente de ti día y noche, de solo buscar tu felicidad… Odia el momento exacto en el que me conociste y también la noche en la que te declare mi amor… Odia cada instante que pasaste a mi lado, y todo lo que una vez cobardemente y sabiendo que no ibas a cumplir, me llegaste a prometer….

Ódiame como la amiga que fui, y como la persona que te amaba.

Después de todo merezco cada desprecio, cada mensaje sin contestación, cada vez que me ignoras… merezco tu silencio y tu castigo de no importarte lo mas mínimo. Merezco ese odio, por ser yo la que no puede odiarte, aunque lo desearía con todas sus fuerzas…

Odia sin límites y sin razón a la única persona que te ha querido con toda esa maraña de malos hábitos, de tu pasado oscuro y de una personalidad de mierda que te ha querido, con tus defectos, con tus virtudes y con todo lo que implicaba el aceptarte tal y como eres…

Odiándome, despreciándome e ignorándome te delatas… y aunque todos te crean en tus delirios de mentiras y excusas, lo único que sé a ciencia cierta es que quizá merezca tu odio pero tú no mereces en absoluto el amor que siento por ti…

Así que ódiame, desahógate haciendo daño, arrebatándomelo todo y sobre todo, disfruta de hacer sufrir a la única persona que de verdad ha estado dispuesta a sufrir por ti…

Sin explicación y sin escrúpulos, ódiame… después de todo del amor al odio hay un paso pero del odio al amor hay un abismo…

Hezerleid


La maldición de los poetas

Tú crees que eres distinto, porque te dicen poeta, 
y tienes un mundo aparte,  más allá de las estrellas.
De tanto mirar la luna, ya nada sabes mirar...
Eres como un pobre ciego, que no sabe a dónde va.
Vete a mirar los mineros, los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan, por un pedazo de pan...
Poeta de ciertas rimas: vete a vivir a la selva, 
y aprenderás muchas cosas, del hachero y sus miserias...
Vive junto con el pueblo; no lo mires desde afuera, 
que lo primero es el hombre, y lo segundo, poeta.



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La maldición del Poeta.


La maldición del poeta
es la que aqueja a todos aquellos
que hemos escrito un poema dejando
un pedazo de corazón
y una parte del alma.
Creemos que escribiendo dejaremos allí un dolor,
pero nos damos cuenta que eso sólo consigue
que aumente nuestro poder de amar.


Y cómo no pensar que es una maldición
si nos enamoramos de todo con facilidad,
como de la luna o del sol;
y cuando éstos no se ven
nos afligimos y dan ganas de llorar.

Por mucho que no se vea la lagrima 
por la mejilla resbalar lentamente
el alma está inundada entre esa agua salada
que va cargada de sentimientos
y así, se ahoga cruelmente.



Una mujer que con su amor nos atraviesa
para siempre... para siempre queda ese amor...
allí, incrustado como una preciosidad eterna.
Y por una razón del destino 
que está en complicidad con la maldición;
no son una, ni dos, sino varias mujeres
pues todas nos parecen tan hermosas
que de alguna manera cada una toma su pedazo
que le corresponde de nuestro pastel de corazón.
Y nosotros sólo podemos quedarnos inmóviles, 
permanecer estáticos, pues nuestro respeto
siempre se antepone a nuestros deseos.
Parece que hemos sido condenados a la soledad
y al silencio, y hacer de éstas
nuestras únicas compañeras...
Hasta que aparezca una sola mujer, 
que quiera aceptar absolutamente todo 
lo que habita y lo que hacemos nosotros...
...Escribir, pensar y sentir.


Cegados por el amor
y castigados por él también.
Por ser correspondido, parece ser,
sólo con el viento y la marea.


¿Nuestra manera de vivir, sentir
y expresarnos, será algo anacrónico
por culpa del esnobismo?
Dulce confusión...

¡Pero qué sería de nosotros
sino existiera esa maldición!
Estaríamos condenados a una existencia
aburrida, absurda y supremamente triste...
Aunque parezca inútil e injusta esta maldición,
nos hace ver lo que para algunos hombres 
nos podría resultar imposible:
ver lo trágico de lo bello
Y ver lo bello que puede haber en la tragedia.


sábado, 8 de octubre de 2016




Poema de la medianoche


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No sé, si realmente te quiero,
O quizás simplemente sea, que te odie tanto,
Que por eso no duermo, y de entre tanto insomnio,
Habré empezado a echar de menos,
Nuestras palabras interminables.

Nuestros besos en los minutos de descuento,
Nuestras canciones de amor,
Que ahora son poemarios, manchados de café,
Y bolas de papel en mi papelera.



Nuestras conversaciones que florecían cada noche entre rosas y entre espinas...
Ahora son cenizas que se consumen en un cenicero cualquiera...
Solo reina el silencio, en este mar de agonía desde que te fuiste...
Versos que sangran sentimientos...
Que emanan recuerdos y que saben a la triste despedida que en forma de lagrimas iban deshojando uno a uno los momentos que en tu interior ya forman parte del olvido.

Temiendo no encontrar en otras sabanas lo vivido, las noches se llenan de reflejos del pasado, se llenan de ti...


Hezerleid y Gustavo Alvarez (descompuesto en palabras)

viernes, 7 de octubre de 2016



El último vals


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Sé que al sonar la última nota te irás irremediable…
Se perderán todos los momentos que compartimos
Serán cenizas todo lo que era en nosotros palpable
Con la fuerza del fuego que quema la piel
Se esfumara todo lo que vivimos
Estos acordes que siguen a ti fiel
Porque juntos por mucho que lo niegues y lo hagas despreciable
Verdaderamente en algunos momentos al mismo tiempo detuvimos.

Sé que te irás cuando la música cese
Y la puerta se abrirá dejándome tu ausencia  de un portazo
Mientras me unen a ti esos lazos
Solo desearía que este amor mutuamente se correspondiese…

Me unen a ti las notas de un triste violín
La oscuridad que dejaste tras tu partida
Los recuerdos sin fin
Y una devastadora e inevitable despedida…

Al son de la música cariño, acaríciame una vez más…
Disfrutemos al compas, aun nos queda tiempo
La música a destiempo
Deja que tus pies marquen la armonía que mañana olvidaras…

Agárrame de la cintura
Hazme volar al unísono del hilo musical
Acompañando este doloroso sentimiento, hiriente hermosura
Que lleva al corazón directo hacia su final…

Baila, cariño
Silencio, que tu cuerpo se mueva
Baila agarrado a mí…
Baila con la ternura de un niño
Y con la pasión que una vez sentí por ti

Pues mi alma se queda aquí con vos
En este oscuro salón…
Culpo al destino de la más dura y cruel separación
Solo bailemos el último vals antes del definitivo adiós...

Hezerleid





Catarsis

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Y olvidarte simplemente no puedo
Y en lo que me brinda este apego
Sabio de ilusiones
Vagabundo de canciones
Y recuerdos sonoros
Que arden en mi interior como el fuego
Haciendo estallar mil emociones.

Debo olvidar, lo se
Más no es fácil cuando has amado tanto en vano
Y tu pasado no es ni por asomo un cargo liviano
Y de amor tiendes a morir
Sin saber detener nunca el dolor de la condena
Sin dejar nunca de sufrir…

Es tu catarsis redención
Por no poder pedir perdón
Al haberte querido más que a mí misma
Y si he de hallar el consuelo
Con una frase de duelo
Y desde otro prisma
Yo me castigo a no tocar nunca tu cielo…

Cuanto mas intento salir de este mundo de recuerdos
Que desde que te fuiste es lo único que me queda de ti
Mas caigo en el
En este mundo de reflejos poco cuerdos
Al que pase lo que pase permanezco fiel…

Y te recuerdo en mis noches, y en mis más tristes días
En la soledad de una madrugada
En las alegrías desmesuradas
Y en las mas torturantes agonías…

Te recuerdo a cada instante
Por bandera tu silencio
A cada paso uno de tus desprecios
Y tus memorias por delante.

No hallo la catarsis para purificar mi alma
No hallo la salida a tu mundo de versos envenenados
Mas este corazón duramente sentenciado
Anda por universos incendiados
Y desde que te fuiste… no halla la calma.


Hezerleid





miércoles, 5 de octubre de 2016


Lluvia ácida

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Cae la lluvia sobre los tejados de la ciudad, en la dehesa de los sueños rotos, de los destinos marcados, de los corazones tristes y los rostros que iluminados por la luz tenue de la luna se llenan de lágrimas.


Cae con frenesí la lluvia sobre nuestras cabezas, mojando tu pelo, humedeciendo uno a uno tus oscuros cabellos, haciendo desaparecer las lagrimas de tu cara que se pierden entre esas gotas de lluvia en su camino hacia tus labios mientras recorren tus mejillas y buscan desembocar en ellos.


Cae, advirtiendo que la tormenta solo acaba de empezar, pues tal y como esas lagrimas encubiertas en gotas recorren un largo camino para morir en tus labios, yo me sumo a la aventura de buscar rozar mis labios con los tuyos en ese futuro incierto donde se encontraran nuestros versos, presos de la desesperación y el horror de considerar el olvido como una opción más…


Los nubarrones grises y los estruendosos truenos hacen llorar al cielo y adormecen el horizonte, las estrellas no brillan ni dibujan constelaciones en tus ojos marrones… Ya no estás… y la lluvia cae desconsolada sobre suelo mojado… chisporroteando fuerte sobre los tejados y cristales de las ventanas, buscándote sin hallarte nunca.


La lluvia quema, mata y se hace eterna. La lluvia prevalece condenando al paisaje a sufrir su ira momentánea, desvela, y revela que te fuiste sin remedio. La lluvia juega entre los dedos de mis manos a escaparse, a hundirse en los charcos, a dibujar “te quiero” sutiles que simulando algún mensaje subliminal, esconden el secreto que mis ojos callaron. La lluvia arde en las calles, en el cielo y en mi piel.

La lluvia si me faltas tú, es corrosiva y dañina… Porque sin ti la más simple lluvia, se convierte en lluvia ácida.



Hezerleid

sábado, 1 de octubre de 2016

Venganza



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Venganza

Inyectaste tu veneno en mí sin previo aviso, agujereaste mi realidad sin que pudiera contrarrestar lo infinito que sería el dolor que me dejarías…

Amor, tus dedos ponzoñosos jamás acariciaron mi pecho desnudo, tus venenosos labios en el que habitaba el pecado más puro nunca rozaron los míos… Tu cabello negro azabache no llego a balancearse y juguetear entre mis manos… y aun así, sin probarte, solo deseaba que fueras mío.

Todo eran palabras marchitas y promesas incumplidas, silencios y desprecios que me hacían entrever que solo era una opción de tantas en tu vida, mientras tú eras mi mayor prioridad, mi mayor deseo, mi mayor condena… Amor, como te deseaba en mi cuerpo y en mi vida, y tu, escurridizo y altanero, como jugabas con mis sentimientos.

Aquella tarde/noche de primavera en la que pude comprobar que te fuiste para siempre sentí un dolor tan profundo que llame a la muerte y clame por mi alma… y ahí empezó mi sentencia real.

Yo, que ame todo de ti, tu lado más oscuro, llegue a amar tus desprecios y tus mentiras… llegue a amar tu pasado y tu presente… llegue a amar tus secretos y anhelos más hondos… ame tu capacidad de odiar y tu capacidad de maldecir… ame tus labios carnosos y tus versos tenebrosos. Tus miradas distantes y tus silencios incómodos… Tu chulería y caprichos, ame tu llanto, tu alevosía a la hora de enredarme y tus latidos secos. Ame todo el tiempo que pasaste conmigo, tus pesadillas, las cicatrices de tu piel y la soledad de tu negra alma. Ame tu dolor, tu pena y tu gloria, tus malas maneras, tus secretos inconfesables y tu indiferencia hacia mí…

Te ame de todas las formas posibles y por haber, y tal fue mi amor por ti… que invente nuevas formas de amarte mas allá de mi realidad y posibilidades.

Pero allá, al filo del abismo, sabiendo que si me soltabas no habría posible salvación para mí, no dudaste en dejarme caer, darte media vuelta e irte. En matar lo poco que quedaba en mí y que no te llegue a entregar, me dejaste retornar el abismo del dolor sin remordimiento alguno, sin pensártelo dos veces.

Gracias a ti conozco el infierno, vi sus llamas en tus ojos y el fuego que desprendías te delato pero pese a eso yo siempre vi un ángel en ti… te defendí, te di todo lo que tenia y estuve pendiente de ti en todo momento… ni ángel ni demonio… solo un lobo con piel de cordero. El mismo diablo vestido de humano, redentor de mis pecados mientras me hacías pecar, armonía que esconde tentaciones que me harían perecer.

Pero olvidas algo, quizás nos veremos en otra vida o quizás en esta coincidamos nuevamente… pero de no ser así, mi querido demonio, dueño del engaño y la manipulación… nos encontraremos en el infierno tarde o temprano, solo otro demonio podía amarte de la forma en la que te ame… y una vez allí tendrás que rendir cuentas de todo lo que me hiciste…

Porque querido y falso amigo, todo se paga en esta vida… y si no es en esta, será en la otra. Y tú sabes muy bien de lo que hablo cuando mis labios te nombran en nombre de la palabra “venganza”, amor.
Mientras tanto y sellando mi dolor con sangre derramada… te estaré esperando en el mismísimo averno…

Hezerleid

Escribir sobre ti…



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Escribir sobre ti…

Escribir sobre ti es el acto más masoquista que realizo a diario… es un acto que me consume, una agonía que no se esfuma… un dolor que crece cada vez más dentro de mi pecho.

Las horas frías pasan anhelando ser minutos, golpeando las manecillas del reloj que apuñala mi mente segundo a segundo predicando en ella tus recuerdos.

Escribir sobre ti, mi verdugo, mi ángel infernal… es volver a poner una vez más mi alma y todo lo que soy en mis manos para que puedas ensañarte provocándole una muerte lenta y cruel…

Solo sé que debo hacerlo, mis dedos reclaman tu presencia con tanta fuerza que lo único que me queda para traerte momentáneamente a mi lado tras tu partida… es escribir sobre ti, sobre un nosotros que nunca fue y nunca será… sobre lo efímero que fue el encuentro donde se cruzaron nuestros caminos… hablar de tus mentiras, de tus silencios y desprecios…
Hablar de que nunca te importe, de que me hieres aun… hablar en silencio, deshojar el escaso tiempo que estuviste a mi lado, derramar lagrimas de sangre, y sentenciar mi futuro, es lo único que me queda de mis ganas de permanecer a tu lado, unas ganas que mataste a sangre fría en un homicidio que sepultó mi fe y mi esperanza para siempre…
Ahora que ya no estás y que te fuiste para siempre, solo me queda eso… escribir sobre ti.


Hezerleid