viernes, 2 de diciembre de 2016

Reconstrucción




Como un huracán que arrasa todo a su paso…
Tu ida me destrozó por completo
Te convertí en mi único amuleto
Y ahora no se vivir sin ti…

Con un delirio sutil…
Tu recuerdo me desvela
Mis ojos… mirarte anhelan
Y el corazón en ruinas te reclama…

Pero el sol volverá a salir
Y tengo que aprender a vivir sin ti
Tus mentiras me destrozaron
Y dejaste heridas que nunca cicatrizaron
Pero la vida sigue sin ti…

Mi corazón está en proceso de reconstrucción
Desde que sufrió tu partida
Y fue esa huida
La que lo mato en la más absoluta de las agonías
Pero de sus cenizas ha de renacer 
Y y no esperar ni tener fe
Por quien nunca lo valoró.. .

En esa reconstrucción no se lo que hallare
Pero espero pronto volver a sentir el latido de mi desgastado y muerto corazón.. .
Sólo el tiempo dirá.. .


Hezerleid

jueves, 1 de diciembre de 2016

Te voy a extrañar toda la vida...



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Te voy a extrañar toda la vida...
... tus manías, tus frases muletillas y tus peculiaridades varias. Voy a extrañar como resplandece el sol en tu pelo negro azabache... tu media sonrisa... hasta la seriedad de tu rostro que tanto te caracterizaba.

Voy a extrañar el tono de tu voz, el brillo de tus ojos... tus altibajos emocionales que tanto te costaban gestionar... la luz que desprendían, tus abrazos y tus consejos inútiles... como me hacias sonreir y como me intentaban subir la autoestima. Tus conocimientos, tus logros, tu poesía y tus mil versos oscuros. Las sombras de tu vida, la oscuridad de tu alma y los delirios de tu mente enfermiza... tu locura disfrazada de cordura, la complejidad de tus palabras y la simplicidad con la que hacías de mis dias mas frios, momentos que valían la pena.

Te voy a extrañar toda la vida... la psicología de tus frases, la filosofía de vida de la que tanto alardeabas, tus datos literarios aleatorios, tus anécdotas fascinantes, tu corazón palpitante, el sabor que dejabas en mi mirada cuando te contemplaba...
Voy a extrañarte toda la vida, y esto es una mierda, pero es así...

Hezerleid

domingo, 6 de noviembre de 2016


Oscuras pasiones





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De amor, muerte, locura y otras pasiones se ha hablado mucho, pero un corazón siempre busca algo por lo que latir, alguien por el que vivir o morir y una razón por la que perder hasta la conciencia... Somos así, humanos, o quizá estúpidos... pero no dejamos de lado nuestra terquedad nunca, ni siquiera nuestra condición por complicarnos la existencia.




Somos parte de lo que hemos amado, somos la sombra de un pasado donde la capacidad de amar frente al delirio nos condiciona. Somos los integrantes de una banda que aun no se ha decidido con que canción abrir el repertorio de su próximo concierto... y aun así seguimos indagando en lo mas profundo y oscuro de nuestro corazón... confundiendo a la razón con los sentimientos y a lo superficial con lo mas arraigado en nosotros.
El problema viene cuando el amor es algo mas que un sentimiento oculto bajo nuestros pechos y queremos exteriorizarlo... mas allá de unos versos, mas allá de la imaginación, mas allá de todo raciocinio posible. Ahí es donde nacen nuestras grandes o pequeñas pasiones oscuras.




Y tal y como diría Doña Inés en la obra mas conocida de Zorrila:

" Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.

Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora,
y el amor que negó a Dios.

¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?"




Y esto me lleva a la siguiente pregunta... ¿puede el amor llevarnos a la perdición?
Un amor que embriaga al alma, que pone limites a los sentidos y que deriva en dolor... es un amor que hiere... es una de las mas punzantes y agonizantes pasiones oscuras.
Deleite infernal de placer y dolor por igual... o resumido en una palabra: amor.


Quizá al amanecer nuestro corazón vuelva a florecer dentro de nosotros y a traernos de nuevo esa luz que tanto ansiamos, pero mientras tanto la oscuridad reina en nuestras vidas.


Si esta oscura pasión es un síntoma de oscuridad... yo me pregunto a veces:
"¡Ay! Oscura noche del alma mía... ¿Cuando amanecerá?"



Hezerleid



martes, 11 de octubre de 2016




Ingratitud



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-¡Hablemos de ingratos!- exclamó el corazón en un rocambolesco giro de los acontecimientos. El cielo se abrió ante esas palabras, el viento dejó de soplar con fuerza hasta que poco a poco mutó en una leve brisa gélida, el rumor de las aguas cercanas que bañaban unas pupilas cansadas se petrificaron al instante, todo aquel escenario contuvo a su vez el aliento a la espera de que el corazón comenzase su discurso...
-Los ingratos, aquellos que juegan, pero no a un juego cualquiera, no, son los que juegan a las escondidas, escapadas, los que dan golpes innecesarios a un igual, todo porque sí, y nada porque debe ser así. Los ingratos callan ante la evidencia, ríen con falsa inocencia y maldicen al otro sin tenerlo en su presencia.

-¿Qué tiene un ingrato de malo?- cuestionó la mente con un tono meloso.
Fue en ese momento cuando en el escenario surgieron toda clase de murmullos que lucharon por desvanecerse ante la inestabilidad, producto de las opiniones contrarias de corazón y de mente. La mente aclaró su voz y rebatió con fuerza al corazón.
-Comprendo lo que para ti es incomprensible. En este mundo todos somos ingratos entonces, pues todos jugamos, nos adelantamos, rompemos con el de al lado, hacemos más de mil cosas a la vez sin sentir nada y sintiéndolo todo en una sola fracción de minuto. La humanidad tiene al raciocinio y la razón no entiende de falsos en las banalidades del amor, amistad, cariño... La razón se somete a objetivos y el camino para atraparlos, si a eso lo llamáis ingratos llamadme a mi ingrato.

Todo se volvió oscuro en aquel escenario, el cielo mostraba una noche sombría, los ríos de aquellas pupilas húmedas se congelaron, la brisa cesó de inmediato, todo parecía entrar en una extraña calma de lucidez ingrata. El corazón se mantuvo en silencioso pensamiento hasta que cogió un poco de ese frío aire que la mente había impuesto y respondió un nuevo argumento contra los ingratos:

Puede decirse de muchas formas y de innumerables maneras:
Alevosía, desagradecimiento, desconocimiento, deslealtad, egoísmo, infidelidad, olvido, reconocimiento o traición

Lo que ellos mismos ignoran es que ingrato es el tiempo y no menos ingrata la vida misma, y en el camino el corazón castiga, recuerda y pide cuentas.
Quizá ahora no seamos capaces de quitarnos la venda que ciega nuestros ojos, y recurramos al apego y al cariño que sentimos por aquellos ingratos que llegaron a nuestra vida con falsas promesas y predicando un destino en común.

No agradecieron lo que hicimos por ellos, no valoraron lo que también llegamos a perder por ellos… y lo peor no lucharon por darnos aunque sea un trocito de ellos cuando todo lo dábamos por ellos.

Conviene recordar que igual de ingratos que ellos, son el destino… el camino y la existencia. Y pese a que parezca una incoherencia, todo se termina pagando, y a la hora de rendir cuentas, la ingratitud golpeara la cabeza de aquellos ingratos que dejamos atrás.
¿Justicia?
¿Malicia?
¿Venganza?
¿Templanza?

Quizá solo equilibrio, quizá solo sea lo que nos provoca hablar sobre ingratos… y cuando nos recuerden en la sede de su noche eterna, su consciencia los delate, y gritaran, y morderán uno a uno sus miedos y el olvido nunca les alcanzara, pues no hay mayor castigo que el que viene tras una traición… y tarde o temprano desemboca en desesperación.

Ingratos que mentís sin sentido
Corazón fallido
Entre suplicios los reconoceréis
Una cosa esta clara:
Tarde o temprano caeréis
Y en el camino no nos encontrareis…



El cielo comenzó a teñirse de diversos colores, naranja y rosado se extendieron por todo el paisaje, iluminando con toda su majestuosa luz las pupilas y sus ríos, los cuales mostraban un cauce armonioso, lento, más pulcro, más sensible. El corazón había hablado con tanta fuerza que sus palabras coloreaban el escenario. Todo resplandecía, nada se cerraba, todo salía, nada se quedaba. Pero la mente sonrió para sí misma, ese mismo escenario se entregaba al sentimiento, a algo banal y desgastado, demasiado tratado por tantos otros, demasiado derrotado y a la vez tan lleno de estupidez.
-Ingrato debo ser, y me encanta serlo, pues dime corazón, ¿acaso disfrutas siendo lo contrario? Solo sufrimiento, solo dolor, solo sentir. Yo solo me acojo a la razón, a lo que me dicta el devenir, a las oportunidades que el futuro me presencia, no es cuestión de esperanza, sino de una lógica tan entregada a la quietud que desconoce la inquietud de los sentimientos que los ingratos pretenden desbordar. Disfruto con la ingratitud en este mundo donde lo anormal es no serlo. Corazón, solo te pido que observes, solo un poco, a tu alrededor.

A terminar de pronunciar aquellas palabras la mente señaló hacía un punto, un lugar que se extendía más allá de aquel escenario, allí se hallaban otros escenarios llenos de dureza, de fuego, de árido desierto, de un silencio roto solo por unos ríos que en las pupilas se mostraban burlonas, insensibles y sin color alguno.
El corazón se derrumbó en el suelo, acababa de presenciar a uno de los ingratos que tanto habían perforado este tranquilo escenario, la mente aprovechó para colocarse justo detrás de él, se acercó tanto que sus labios rozaron uno de los oídos de aquel pobre corazón cansado, y habló la mente una vez más.
-¿Lo viste? Viste a los ingratos, estuviste con ellos tu también, has jugado, te reíste de igual forma. Dime, ingrato, ¿por qué te alterabas tanto al hablar de ellos si tú formas parte de la ingratitud?
El escenario volvió a cambiar, aunque esta vez fue tan súbito y rápido que el corazón no pudo ni advertir la bruma que se había levantado de la tierra, de los ríos de las pupilas, incluso del mismísimo cielo, todo había sido sacudido de un polvo oscuro dejando ver la verdad de aquel escenario; una desierto árido y dorado, un silencio roto solo por unos ríos que en las pupilas se mostraban burlonas, insensibles y sin color alguno. Se volvía aquel paisaje como el de los ingratos.
-¿Qué has hecho, mente?-alcanzó a decir en un hilo de voz el corazón.
La mente alargó sus brazos y los entrelazó sobre el cuerpo de corazón.
-¿No lo ves? El escenarios de aquellos ingratos que tanto te han hecho sufrir y que tan bien los conoces lo acabas de ver en un reflejo, el nuestro.
El corazón no pudo contener la desolación de aquella revelación, la imagen que acababa de ver no era más que le que se había proyectado en un espejo, un espejo que mostraba su propio reflejo.
-¿Eso quiere decir que soy ingrato?
La mente se se inclinó más y más hasta llegar a los húmedos labios de corazón.

-No, eso significa que somos ingratos, este escenario y el de todos.


Con la colaboración de Mari Cruz Cárceles Sirvent

Hezerleid


domingo, 9 de octubre de 2016





Ódiame


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Si es lo que necesitas ódiame, como si en el interior de tu enfermiza mente, de tu frío corazón y de tu oscura alma… realmente me lo mereciera.

Si es lo que deseas ódiame con todas tus fuerzas, niega que un día fuimos amigos, que un día todo lo di por ti… despréciame mil veces más, hazme llorar aun mas lagrimas de las que por ti he llorado. Ignórame y hazme sufrir… como si me lo mereciera en verdad.

Si así alivias tu conciencia, cúlpame a mí de todo y ódiame, llama al amor que siento por ti obsesión y a la persona que más te ama enferma… achaca tu ensañamiento a que estoy loca… y vuelve a despreciarme una vez más, como si verdaderamente me lo mereciera.

Ódiame hasta el punto de seguir creyendo que el echarme de tu vida como si fuera un desecho que nunca te importo, abandonarme a mi suerte y provocarme este gran sufrimiento es algo justo… Como si no hubiera un mañana ódiame, porque fui yo la que deposito mi todo en tus manos y tú no dudaste ni por una sola vez en dejarme caer… ódiame como si no fueras tu el que me ha empujado y me ha hecho descender a los mismos infiernos…

Si así te sientes mejor, ódiame más aun, insúltame, niega todos los buenos momentos que pase a tu lado, ven a la misma ciudad donde vivo, visita a todas tus amistades y a mí, esta tonta que sigue esperándote y que todavía lo daría todo por ti… a mi simplemente hazme a un lado, reniega de mis recuerdos, olvida mis palabras, olvida todo lo que hice por ti y solo ódiame… sin un motivo y sin un porqué.

Ódiame en cada carta de amor que te escribí y te envié, en cada momento que me preocupe por ti, en cada palabra de consuelo o aliento que entregue cuando nadie más lo hacía… Odia los versos que te dedique, el hecho de estar pendiente de ti día y noche, de solo buscar tu felicidad… Odia el momento exacto en el que me conociste y también la noche en la que te declare mi amor… Odia cada instante que pasaste a mi lado, y todo lo que una vez cobardemente y sabiendo que no ibas a cumplir, me llegaste a prometer….

Ódiame como la amiga que fui, y como la persona que te amaba.

Después de todo merezco cada desprecio, cada mensaje sin contestación, cada vez que me ignoras… merezco tu silencio y tu castigo de no importarte lo mas mínimo. Merezco ese odio, por ser yo la que no puede odiarte, aunque lo desearía con todas sus fuerzas…

Odia sin límites y sin razón a la única persona que te ha querido con toda esa maraña de malos hábitos, de tu pasado oscuro y de una personalidad de mierda que te ha querido, con tus defectos, con tus virtudes y con todo lo que implicaba el aceptarte tal y como eres…

Odiándome, despreciándome e ignorándome te delatas… y aunque todos te crean en tus delirios de mentiras y excusas, lo único que sé a ciencia cierta es que quizá merezca tu odio pero tú no mereces en absoluto el amor que siento por ti…

Así que ódiame, desahógate haciendo daño, arrebatándomelo todo y sobre todo, disfruta de hacer sufrir a la única persona que de verdad ha estado dispuesta a sufrir por ti…

Sin explicación y sin escrúpulos, ódiame… después de todo del amor al odio hay un paso pero del odio al amor hay un abismo…

Hezerleid


La maldición de los poetas

Tú crees que eres distinto, porque te dicen poeta, 
y tienes un mundo aparte,  más allá de las estrellas.
De tanto mirar la luna, ya nada sabes mirar...
Eres como un pobre ciego, que no sabe a dónde va.
Vete a mirar los mineros, los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan, por un pedazo de pan...
Poeta de ciertas rimas: vete a vivir a la selva, 
y aprenderás muchas cosas, del hachero y sus miserias...
Vive junto con el pueblo; no lo mires desde afuera, 
que lo primero es el hombre, y lo segundo, poeta.



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La maldición del Poeta.


La maldición del poeta
es la que aqueja a todos aquellos
que hemos escrito un poema dejando
un pedazo de corazón
y una parte del alma.
Creemos que escribiendo dejaremos allí un dolor,
pero nos damos cuenta que eso sólo consigue
que aumente nuestro poder de amar.


Y cómo no pensar que es una maldición
si nos enamoramos de todo con facilidad,
como de la luna o del sol;
y cuando éstos no se ven
nos afligimos y dan ganas de llorar.

Por mucho que no se vea la lagrima 
por la mejilla resbalar lentamente
el alma está inundada entre esa agua salada
que va cargada de sentimientos
y así, se ahoga cruelmente.



Una mujer que con su amor nos atraviesa
para siempre... para siempre queda ese amor...
allí, incrustado como una preciosidad eterna.
Y por una razón del destino 
que está en complicidad con la maldición;
no son una, ni dos, sino varias mujeres
pues todas nos parecen tan hermosas
que de alguna manera cada una toma su pedazo
que le corresponde de nuestro pastel de corazón.
Y nosotros sólo podemos quedarnos inmóviles, 
permanecer estáticos, pues nuestro respeto
siempre se antepone a nuestros deseos.
Parece que hemos sido condenados a la soledad
y al silencio, y hacer de éstas
nuestras únicas compañeras...
Hasta que aparezca una sola mujer, 
que quiera aceptar absolutamente todo 
lo que habita y lo que hacemos nosotros...
...Escribir, pensar y sentir.


Cegados por el amor
y castigados por él también.
Por ser correspondido, parece ser,
sólo con el viento y la marea.


¿Nuestra manera de vivir, sentir
y expresarnos, será algo anacrónico
por culpa del esnobismo?
Dulce confusión...

¡Pero qué sería de nosotros
sino existiera esa maldición!
Estaríamos condenados a una existencia
aburrida, absurda y supremamente triste...
Aunque parezca inútil e injusta esta maldición,
nos hace ver lo que para algunos hombres 
nos podría resultar imposible:
ver lo trágico de lo bello
Y ver lo bello que puede haber en la tragedia.


sábado, 8 de octubre de 2016




Poema de la medianoche


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No sé, si realmente te quiero,
O quizás simplemente sea, que te odie tanto,
Que por eso no duermo, y de entre tanto insomnio,
Habré empezado a echar de menos,
Nuestras palabras interminables.

Nuestros besos en los minutos de descuento,
Nuestras canciones de amor,
Que ahora son poemarios, manchados de café,
Y bolas de papel en mi papelera.



Nuestras conversaciones que florecían cada noche entre rosas y entre espinas...
Ahora son cenizas que se consumen en un cenicero cualquiera...
Solo reina el silencio, en este mar de agonía desde que te fuiste...
Versos que sangran sentimientos...
Que emanan recuerdos y que saben a la triste despedida que en forma de lagrimas iban deshojando uno a uno los momentos que en tu interior ya forman parte del olvido.

Temiendo no encontrar en otras sabanas lo vivido, las noches se llenan de reflejos del pasado, se llenan de ti...


Hezerleid y Gustavo Alvarez (descompuesto en palabras)